Tres pavos por una Coca-Cola.
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Estoy sentando en el frío suelo de la T4, delante de la puerta J41. Tengo mis auriculares al máximo volumen y no paro de recitar aquel mantra de Samuel Taylor “In Xanadu did Kubla Khan, a stately pleasure-dome decree, where Alph the sacred river ran, through caverns measureless to man. Down to a sunless sea.”
Teóricamente en poco más de media hora debería estar dentro del avión. Mi tarjeta de embarque dice que me corresponde el asiento 6C, y resulta poético, porque son precisamente seis las “ces” que tengo en la cabeza: Cojones, canguelo, celebración, calma, colegas y cúspide.
También es verdad que lo de antes no es más que un recurso literario. Ahora mismo las únicas “ces” que tengo en la cabeza son “cojones” y “Coca-Cola”.
En menos de dos días voy a necesitar la primera “ce”, casi tanto como la necesidad que tenía de la segunda “ce” para poder calmarme antes de subir a un avión que certifica una vez más que no hay vuelta atrás.
He pagado tres pavos por una de mis “ces”, espero pagar mucho menos por la otra.
Recuerdo #062 / Jueves 14 de octubre de 2021 (Madrid, España)