La vuelta a casa.

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Uno de mis momentos favoritos es la vuelta en moto a casa. Madrid, aunque haga frío, suele estar bastante bonito y resulta cuanto menos curioso observar a las gentes huir de sus quehaceres rumbo a casa.

A raíz de mi viaje a Biarritz he caído preso de las letras de Rigoberta, por eso no me siento del todo mal cuando escondo un AirPod en mi casco. A veces incluso coincide con la estrofa de Bandini en la que dice: “Pues sí; Escucho música en la moto; Cuando cruzo la calle Aragón; Aunque sea una infracción; Es un subidón.”

Además de escuchar música (muy de vez en cuando) intento ordenar el día en mi cabeza. Me gusta pensar en todo lo que he hecho y en lo que he dejado de hacer, siempre con una dureza excesiva que varios amigos me han recomendado dejar de lado.

El momento de volver a casa me gusta tanto porque me recuerda a las eternas paradas del dieciséis cuando volvía de la biblioteca. Me dejaba algo más lejos de casa que el catorce, pero me permitía andar un rato y hacer lo mismo que hago ahora. Es una costumbre que perdí el año pasado, tal vez por el toque de queda o incluso por mi excesivo estrés.

Llevo varios días aprovechando la vuelta a casa para revisitar una entrevista de Juan Manuel de Prada, puede que esté volviendo a aclarar las dudas que rondan mis ideas sobre la Fe. Puede que la vuelta a casa sea doble.

Recuerdo #096 / Miércoles 17 de noviembre de 2021 (Madrid, España)