Otros noventa.

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El fútbol es caprichoso, no entiende de individualidades, y mucho menos de esfuerzos egoístas. Este deporte que me cautiva es amo y señor de los que lo practicamos. Como si todos fuéramos parte de una novela que ya está escrita.

Yo he crecido jugando de una manera muy distinta a lo que ocurre en estas tierras del norte. La pasión mediterránea y el coraje colchonero me han moldeado, haciéndome sufrir en cada partido, porque ninguno es insignificante.

Aquí en el norte, tierra de pocos gestos y sentimientos discretos, el fútbol es una afición, y pocos viven esa pasión que se observa en cualquier patio de colegio. Los enfados y piques entre rivales son amables, ¡hasta te das la mano después del partido! Y yo, no lo entiendo.

Soy muy competitivo, y al igual que Simeone, siento la necesidad de irme corriendo a abrazar a mi equipo, sin importar el resultado. En raras ocasiones toca ir a hablar con el jugador con el que se ha competido en tu banda, pero poco más.

Hoy he jugado otros noventa minutos, y tristemente, yo cada vez juego mejor, he recuperado mi pasión, mi runrún, sin embargo no logro compartirla con mi equipo. Nos han barrido, ha sido una cura de humildad como ninguna otra. Y yo, apasionado del fútbol vuelvo a casa destrozado, porque durante noventa minutos he sido incapaz de transmitir mi pasión a mis compañeros.

Recuerdo #672 / Jueves 15 de junio de 2023 (Tallin, Estonia)