Un partido de cafres.

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Después de una racha de malos resultados no hay nada que anime más que jugar contra los últimos de la liga. Un partido muy asequible sobre el papel y que sin embargo a este nivel no deja de ser una batalla campal.

Volví a salir de titular, la banda derecha se ha convertido en mi amiga, y al igual que Juanfran en sus mejores años cubro la longitud del campo con ocasionales incursiones por el centro del campo. Sin embargo hoy no ha sido así, y si tuviera un mapa de calor de mis setenta minutos podría mostrar avergonzado mi desempeño.

Con dos penaltis a favor, y una decena de amarillas para el equipo contrario parecía que el dos a uno al descanso era premonitorio de una victoria asequible, y como de costumbre no fue así.

Aún con un gol tempranero en la segunda parte y con la expulsión de su portero por insultar al árbitro, llegó el segundo gol del conjunto local. Los siguientes quince minutos fueron agónicos e intensos, y una serie de entradas me hicieron abandonar el campo cojeando.

Desde el banquillo, con un gol de ventaja y un jugador más, la tragedia se intuía. Un equipo desordenado, nervioso con el balón y poco contundente en los balones divididos concedió el tres a tres. Y un partido que debería a ver sido una victoria se convirtió en un empate porque los quince que jugamos somos unos cafres.

Recuerdo #754 / Martes 5 de septiembre de 2023 (Tallin, Estonia)