Otro sitio de café.
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Me considero muy afortunado por haber podido descubrir la independencia a una edad temprana en comparación con el desolador panorama español. Gracias a mucha suerte y algún que otro órdago a ciegas he logrado conseguir un salario más que decente con el que pago alquiler, comida y cualquier otro gasto.
En mi afán por ahorrar y prepararme para la gran depresión económica que acecha Europa, he logrado confeccionar un buen archivo de lo que gano, lo que gasto y lo que ahorro. En otras palabras, con un par de cambios de números puedo saber cuánto debería ahorrar este mes para cubrir cualquier gasto extraordinario futuro. Sistema que se resume de la siguiente forma, veintinueve por ciento son gastos del hogar, ocho por ciento gastos varios, veintiséis por ciento de ahorro y el resto el dinero disponible para comida y ocio, cuyo remanente correspondería a ahorro.
Sin entrar a hablar de términos brutos, la realidad es que llevo una calidad de vida muy modesta y a la vez generosa. Gasto en cine, vinilos y libros, y de vez en cuando algún videojuego. Pero más allá de la normalidad del consumo material, mi gran gasto es sin duda los cafés y productos de panadería artesanal.
Hoy después del trabajo me he citado con la isleña en un rincón de la ciudad antigua. Una pequeña cafetería escondida del bullicio turístico nos ha resguardado del frío y de la nieve. Y una vez más, como tantísimas otras, hemos disfrutado de hojaldres, cafés y la libertad que otorga un salario digno.
Recuerdo #834 / Viernes 24 de noviembre de 2023 (Tallin, Estonia)