Ayuno y descanso.
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Decía Escohotado que no hay mal en esta vida que no se cure con un largo ayuno y un extenso periodo de sueño, y tenía razón. A mis veintiún años decidí comenzar a comer una vez al día. Costumbre que me define y con la que he logrado llevar una vida de moderación y plenitud. Y sin embargo, como animal de contradicciones, disfruto saltándome mis pautas de un plato diario.
Después de un fin de semana de excesos el cuerpo me pide calma. Necesito un profundo descanso de doce horas acompañado de un par de gramos de melatonina, y por supuesto de un ayuno de cuarenta y ocho horas.
Hoy tampoco tengo mucho que poner por escrito, apenas he podido funcionar en el trabajo. La falta de descanso me ha hecho trabajar a duras penas, y el cuerpo me pedía el azúcar con el que he encaprichado este pasado fin de semana. Supongo que por eso hoy me toca dejar un recuerdo a medio hacer, porque el ayuno y el descanso no sólo es alimenticio, también intelectual, razón por la que termino este recuerdo y me meto en la cama a las nueve de la noche.
Recuerdo #845 / Martes 5 de diciembre de 2023 (Tallin, Estonia)