Sol, paseo y café.

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En mi segundo marzo en el Báltico me encuentro sorprendido por un sol inesperado. Las calles han dejado atrás el hielo invernal y han dejado paso a los primeros brotes verdes que pronto decoraran mi querida ciudad. Marzo se empeña en ser un mes a disfrutar, y yo no puedo hacer otra cosa que escribir y sonreír.

Pasear en Tallin, por mucho que sea una ciudad constantemente en obras, es un placer del que no me cansaré. La brisa del mar potencia el olor a primavera, y a juzgar por el bailar de Paco al caminar, es un olor maravilloso.

Las calles, que siguen guardando el follaje otoñal debido a las heladas, comienzan a desnudarse. Familias y adolescentes llenan los bancos de Kalamaja. Donde antes había abrigos ahora hay gafas de sol y bermudas, y todo ello, con el termómetro marcando cinco grados, suficiente para aprovechar el aire primaveral.

Recuerdo #954 / Sábado 23 de marzo de 2024 (Tallin, Estonia)