En un lunes de abril tardío.
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Llevo varios meses aburrido al escribir. Creo haber encontrado la fórmula mágica para escribir recuerdos sin apenas esfuerzo. Me es tan sencillo que a menudo acumulo recuerdos para poder sentarme a escribir durante varias horas. Escribir un único recuerdo es una tarea que no llega al cuarto de hora, y sin embargo, sigo empeñado en seguir narrando mi vida.
Creo que parte del problema radica en el no tener un santuario donde escribir. Hecho de menos mis santuarios madrileños y mallorquines. Y la vida cuasi conyugal invita a la vida en común, donde las individualidades no llenan tanto como lo compartido.
Quiero hacer de estos recuerdos un reto. No sé muy bien cómo ni cuándo, pero he de cambiar algo. Tal vez sea hora de volver a mi poesía.
En un lunes de abril tardío la lluvia vuelve y los perros corren en las risas de las calles, se esconde un niño resguardado de los vientos, abrazado por el frío.
En un lunes de abril tardío, el invierno otra vez llama a las puertas decoradas por nubes y flores, que aún grisáceas, traen colores, los ladrillos de mi lado, mojados.
En un lunes de abril tardío, vuelvo a casa, paseando y perro en mano, mi preocupan mis recuerdos, lo que guardo, ¿y si vuelvo a la poesía, por hacer algo?
Recuerdo #984 / Lunes 22 de abril de 2024 (Tallin, Estonia)