Pedalear a casa.

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Volver a casa pedaleando es una de las mayores satisfacciones de mi vida Báltica. La primavera ha traído consigo los verdes más vívidos que he visto nunca y las aves migratorias han vuelto para pelear con las gaviotas y cuervos por sus ramas.

Poco quiero escribir, aunque suene contradictorio, por respetar la fragilidad del recuerdo de hoy. Uno de esos días de los que merece la pena decir poco. Y aunque haya sido un día intrascendente y bastante rutinario, la vuelta a casa después de jugar al fútbol ha sido bastante especial.

Tallin es una ciudad maravillosa, ya sea nieve o flores, la ciudad sabe vestirse acorde a la estación. Tan sólo hay que pagar un pequeño precio, seis meses de relativa oscuridad que dan paso a eternos días donde no se pone el sol.

Hoy he vuelto a casa pedaleando con mi vieja y oxidada bici, y supongo, que lo especial de hoy, es que hace dos años jamás me habría conformado con salir de trabajar y ver a las golondrinas hacerse un hueco entre los árboles.

Recuerdo #1005 / Lunes 13 de mayo de 2024 (Tallin, Estonia)