Cero a dos bajo la lluvia.
cptx /
En mi primera temporada con Paide vivo un hechizo impropio de un joven al que le sobran varios kilos. Con el partido de hoy ya son ocho partidos jugados, cuatrocientos ochenta y cinco minutos, tres goles, tres asistencias y una tarjeta amarilla. Números más que decentes para una primera temporada jugando de volante.
Nunca fui un gran jugador de fútbol, suplí mi falta de calidad con mi buena forma física, algo que a día de hoy no tengo. Puedo jugar noventa minutos y cumplir, pero no me siento cómodo. Me falta entrenamiento y me sobran kilos, y aún así, bendito inicio de temporada.
Hoy hemos jugado bajo la lluvia en uno de los campos que más me han gustado. A las afueras de Tallin, en la localidad de Saku, protegido por pinares y ante la mirada de cien aficionados locales, hemos jugado un partido digno de recordar. Un sólido cero a dos contra un equipo que de no ser por su falta de nueve nos habría metido cinco.
Con apenas cinco minutos jugados he fallado un clamoroso gol a puerta vacía. El campo, aún encharcado, me ha hecho resbalar lo suficiente como para que la trayectoria del tiro rozará la escuadra. Un vergonzoso actuar propio de alguien que no sabe jugar al fútbol, propio de un joven al que le falta técnica y le sobran kilos.
Minutos más tarde, nuestro central mediante balón en largo ha abierto a mi banda, un control decente seguido de un regate impropio de mí, me ha hecho llegar a línea de fondo, y por medio del mejor centro de mi vida, he visto a cámara lenta como nuestro media punta ha finalizado con una chilena de película.
Cualquiera juega bien al fútbol con un equipo de ex profesionales, pero por el momento, me voy a permitir hacer gala de mis números como suplente.
Recuerdo #1024 / Sábado 1 de junio de 2024 (Saku, Estonia)