Paseos y cafés.

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No sé cuantas horas habré pasado con Mer. Probablemente en este último año haya vivido (y convivido) con ella más momentos de los que cualquier enamorado pueda vivir en Madrid. Ya he dicho muchas veces que la falta de emancipación española obliga al joven a vivir relaciones donde los momentos a solas se fuerzan y en muchos casos insuficientes. Pero ese no es el tema de hoy.

Gran parte de mis momentos con Mer surgen en la normalidad del día a día. Cientos de paseos y cafés alejados del glamour de las escapadas románticas a esquiar o al campo. Una vida en común dedicada a la simpleza de la rutina. Y en esa rutina hemos aprendido que tampoco hace falta tanto.

Hoy hemos salido a pasear, Tallin ha sacado su vestido de hojas caducas y su perfume de leña y frío. La ciudad no es la misma que hace dos semanas. Las primeras grandes lluvias humedecen nuestro habitual paseo, y nuestros cafés favoritos empiezan a servir chocolates calientes y repostería de calabaza.

Tallin, ciudad amurallada que invita a perderse, tiene lo suficiente para vivir cómodamente. Tiendas de vinilos esparcidas, grandes parques y zonas con pocos coches. Una ciudad en que si se quiere, se puede vivir de la forma más monacal posible. Y si se tiene suerte, de la mano de una isleña tan guapa como inteligente.

Recuerdo #780 / Domingo 1 de octubre de 2023 (Tallin, Estonia)