Tarde de ordenador.

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Me considero afortunado por ser un hombre cuyas pasiones se pueden disfrutar en días de frío lluvia bajo el resguardo del hogar. La lectura y la escritura son pasiones que se benefician de la vida monacal, más aún si se disfrutan en compañía. Y la querida isleña con la que llevo varios meses compartiendo techo disfruta del silencio compartido.

Tanto Mer como yo somos seres relativamente poco sociales. Nos gusta la rutina de una vida alejada de las barras de bar. Podría decirse que nadie nos echa de menos de viernes a domingo, y aunque hace algunos años me habría producido pavor, hoy me alegra. Sin embargo no todos los viernes son jornadas de recogimiento, hay veces donde uno debe cumplir con el deber social.

La tarde de hoy iba a haber sido una de esas tardes dedicadas a las pasiones más varoniles. Una pizza debía llegar a casa a las ocho, o lo que es lo mismo, lo suficientemente tarde para poder jugar un rato a un juego que ocurre en las Minas de Moria. Mi idea era aprovechar que mi querida isleña tenía una cena, pero las ideas no son más que ideas, ya que su cena finalmente fue cancelada.

Una vez más, como tantísimos otros viernes, he acabado cenando con Mer en casa. Disfrutando de lo que nos hace convivir tan bien, la tranquilidad de la vida monacal, y aunque no la isleña haya cenado en casa, he acabado disfrutando junto a ella de las aventuras de un enano en los túneles de Moria.

Recuerdo #848 / Viernes 8 de diciembre de 2023 (Tallin, Estonia)