Un mal día de golf.

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En este día de los Inocentes mi querido sobrino y yo nos hemos aventurado a jugar unos hoyos cortos propios de una mala broma. En uno de esos días madrileños de poco sol, poco viento y algo de frío, hemos intentado pelear contra lo que no se debe, la suerte.

Con tres bolas por barba (o barbita) hemos salido a jugar los cortos de la Moraleja. Nueve hoyos con más agua de lo que pareciera y que salvando las distancias poco tienen que envidiar a los que se ven en libros de golf.

Patos, conejos, gansos y algún ratón esquivan los hierros de los que ahí juegan. Innumerables bolas van a parar a los límites del agua, y que si no fuera por los sobre crecidos juncos, pasarían a compartir charca con alguna de las aves que se ríe del golfista de turno.

Hemos dejado de jugar en el hoyo cinco, después de haber perdido todas las bolas y con la vergüenza de saber que me he vuelto a olvidar de cómo se juega al golf. Nos ha tocado volver a casa, él sin haberme demostrado que su juego de green es tan bueno como decía, y yo sin haberle podido demostrar que mi hierro nueve es un todoterreno.

Recuerdo #868 / Jueves 28 de diciembre de 2023 (Madrid, España)