Día en casa y un café.
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Una de las cosas que echaba de menos de casa de mis padres era el pasar un día sin hacer nada sabiendo que hay alguien en la habitación de al lado.
El silencio de una habitación propia es maravilloso, y principal motivo por el que el día de mañana tendré una buena biblioteca. Sin embargo, el placer de ese pequeño lugar de paz radica en el saber que en la habitación contigua hay alguien.
Si uno coge el urbanismo como forma de explicar la conducta humana, me atrevo a decir que no hay mejor forma de explicarla que la paz que tiene el dueño de una terraza en cualquier ciudad. La paz en medio del barullo es doblemente paz. Algo que ayuda a entender porqué muchos huyen de esas promociones de casas en la meseta castellana.
El ser humano por mucho que tire al campo y al silencio, necesita estímulos que mantengan la posibilidad de usar la cabeza. Hasta el más asceta y monacal necesita lo externo, razón por la que yo hoy he disfrutado más que nunca de un café con Lecea y el ruido de la ciudad.
Recuerdo #869 / Viernes 29 de diciembre de 2023 (Madrid, España)