Aquel indio.

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Hay un indio llamado Chrakra que se encuentra custodiado por las murallas de la ciudad antigua. Un pequeño recoveco que se ha hecho un nombre entre los propios indios que viven en Tallin que lo consideran la más fiel representación de su cultura en este lado del mapa. Chakra, que en invierno tiene una terraza a los pies de una especie de abadía, acoge a todo el que vaya buscando buen cordero y mejor “naan”, y en mis recuerdos se ha consagrado en numerosas páginas.

Cuando llegue a Tallin en junio del veintidós fui a parar a esa terraza de otra época con mi antiguo equipo. Cenamos y conversamos sobre cómo sería mi vida en Tallin, y año y medio más tarde y más de seiscientos recuerdos después, puedo decir que ni ellos ni yo, logramos acertar con los detalles de mi vida Báltica. Volver a Chakra me ayuda a recordar aquel recuerdo que me hizo volar de Madrid y comenzar a vivir la vida adulta a mi manera.

Hoy, como otras tantas veces, he salido de Chakra con el estómago lleno y un sinfín de anécdotas e historias. Tengo suerte de trabajar con gente tan variada y diferente. Y en una de esas cenas de trabajo en la que se juntan casi diez nacionalidades he vuelto a sentir lo mismo que sentí aquel uno de junio del veintidós: que me queda mucho por hacer en Tallin.

Recuerdo #895 / Miércoles 25 de enero de 2024 (Tallinn, Estonia)