Mercado en Kopli.
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Kopli es uno de los barrios de Tallin que más está cambiando en estos últimos años. Hasta hace no mucho poca gente se atrevía a pasear por ahí, algo similar a Kalamaja, lugar donde yonkis y maleantes convivían con las ruinas soviéticas.
De mi casa a Kopli hay algo menos de cuatro kilómetros. Una distancia irrisoria para una capital europea, pero en términos de aquí, todo un mundo. Tallin, en su recogida y discreta extensión, alterna barrios con parques, y en cierta medida, se podría hablar de guetos bien planificados, aunque ese es otro tema.
La sociedad de aquí no ve con buenos ojos cómo los barrios marginales se convierten en epicentro de inmigrantes cualificados cuyos gastares elevan precios y desplazan al local. En mi humilde opinión el problema es más complejo que el que causamos los que venimos aquí con salarios que doblan al del local. Tallin, y en general Estonia, necesita mano de obra cualificada, el rápido crecimiento económico desde la caída de la URSS no ha permitido al país adaptarse, razón por la que el que escribe esto ejerce de abogado aquí.
Si tuviera que comparar el desplazamiento del local aquí en Tallin con Madrid, haría hincapié en un pequeño detalle que a veces se pasa por alto, las oportunidades del trabajador cualificado. En Madrid, salvo herencia o fructífero casamiento, el joven cualificado no puede optar a propiedades, sean alquiler o compraventa, en el centro de la ciudad. Mientras que aquí, el trabajador cualificado no sólo puede elegir dónde vivir, si no que además le sobra dinero para gastar como quiera.
Hoy en Kopli decenas de inmigrantes han acudido a gastar y disfrutar de un mercadillo que el local tildaría de gentrificado y capitalista, pero como ya he dicho más de una vez, al menos aquí el joven tiene posibilidades de optar a una vivienda digna, mientras que en Madrid hay que conformarse con las sobras del capital iberoamericano.
Recuerdo #1038 / Sábado 15 de junio de 2024 (Tallin, Estonia)