El tercer verano.
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Estos últimos meses he despreciado la rutina que tanto me costó construir a principios del diecinueve. He dejado de lado mis entrenamientos de fuerza, la escritura diaria ha pasado a un segundo plano y la lectura se ha visto reemplazada por horas perdidas delante del móvil. También he perdido cualquier atisbo de disciplina al comer, justificando el estrés de mantener una casa y un trabajo que aún siendo de nueve a cinco me tiene pensativo las veinticuatro horas del día. No estoy orgulloso, pero tampoco escondo la deriva que he sufrido, razón por la que creo oportuno finalizar el tercer volumen de recuerdos con una reprimenda personal.
Mis aficiones siempre han ido de la mano de mi amor por las pasiones nobles, la lectura ha sido un gran pilar de mi infancia, siendo en muchos casos la razón de mi aislamiento. El deporte, especialmente el fútbol, el correr y las pesas, han sido la brújula de mi personalidad, afectando directamente mi estado de ánimo. Y el escribir, por mucho que cueste admitirlo, ha sido la razón por la que he podido afrontar decisiones complicadas, porque al fin y al cabo, el peso de lo escrito supera cualquier razonamiento antes de dormir.
Siento tristeza al haber despreciado todas las facetas que me hacen quien soy, más aún el saber que no hay un motivo detrás con el que justificar mi desidia, y hoy, en el final de este tercer volumen, no me queda otra que entonar el mea culpa y prometer recuperar todo lo que me hace ser quien soy.
Cuando comencé estos recuerdos pude dedicar un rato diario porque todo a mi alrededor se sustentaba en una maravillosa rutina cuasi monacal, que de no ser por mis vaivenes de Fe, me acercarían a esa vía asceta de la que tanto he leído y sobre la que entiendo tan poco.
En mi tercer verano sentándome delante del ordenador para poner fin a uno de mis volúmenes de recuerdos me pregunto qué será de mi rutina si tardo en recuperarla. Estoy convencido de que mi salida del camino diario es fruto de la pereza, pero aún así, no puedo evitar pensar en la posible existencia de una razón superior que aún no he logrado averiguar. En cualquier caso la solución es simple en teoría pero difícil en práctica, y todo pasa por volver a vivir día a día sin importar el resultado. Necesito volver al medio como forma de vida y olvidarme del fin.
Hoy pongo fin al tercer volumen de recuerdos y lo hago por medio de otro largo texto que aúna varias semanas de dudas y dejadez. No estoy orgulloso de este volumen de recuerdos, volumen donde la desidedia y la pereza han sido protagonistas, pero aún con ello, en estos trescientos sesenta y cinco días, puedo decir que he escrito alguno de mis mejores textos. Una contradicción propia de alguien cuyo último año ha sido una irónica contradicción.
No sé que será de mi rutina dentro de un año, pero desde mañana, día en el que comienza mi cuarto volumen de recuerdos, pretendo volver a mi querida abstinencia, mis entrenamientos diarios y mis sesiones de lectura y escritura. Supongo que tropezar dos veces con la misma piedra es ley de vida, y al igual que a finales del dieciocho cuando mi vida carecía de orden, me toca volver a recorrer el mismo camino que una vez creí imposible. En agosto del dieciocho, con la victoria del Atleti en Tallin, comenzó todo, en el mismo estadio en el que jugaré la final de la Copa Pequeña de Estonia ("Väikesed karikavõistlused") el treinta y uno de agosto, y es que la vida está llena de pequeños guiños, guiños sobre los que merece la pena escribir más aún si es junto a mi querida isleña.
Recuerdo #1075 / Lunes 22 de julio de 2024 (Tallin, Estonia)