Verano sin lectura.
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En menos de una semana la isleña y yo volveremos a nuestra querida Tallin. La rutina que tanto desprecie promete volver al cauce apropiado, y en una tarde de verano mallorquín observo a Mer aprovechar sus últimas horas de lectura en la piscina.
Este verano he sufrido un bloqueo literario, con casi quince libros apilados en mi mesilla volveré a casa con tan sólo uno finalizado. Se me atragantó Houellebecq y los ensayos de los navegantes de las Molucas no han terminado de cautivarme. No sé qué me ha ocurrido este verano, pero la falta de lectura me avergüenza y me pregunto si se debe a mi desgana con mis costumbres de estos últimos meses.
La vuelta a Tallin promete ser la vuelta a la vida ordenada monacal. Lectura, escritura y deporte, pilares básicos de la rutina que una vez tuve, y no puedo evitar dudar de la excesiva carga de responsabilidad que deposito en mi yo futuro. ¿Si no he leído en mis veinte días de vacaciones, que me hace estar seguro de que leeré cuando vuelva a la oficina?
Recuerdo #1097 / Sábado 17 de agosto de 2024 (Mallorca, España)