Me faltan horas.
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Son las siete de la tarde de un lunes de mediados de septiembre. Por el camino de esta semana sin escribir he perdido varios kilos, recibido una promoción, corrido unos veinte kilómetros y jugado al fútbol. Y por supuesto, he podido encajar en todos esto días un catarro que hoy me ha hecho trabajar desde casa. Y sin embargo, aún a pesar de todo, hoy no puedo más que sentarme y tratar de entender porqué me faltan horas.
Allá por mediados del primer volumen de recuerdos lograba encajar jornadas laborales más extensas que las actuales, entrenamiento, fútbol, escritura y lectura. Mientras que ahora, bendecido por la conciliación laboral, me hayo falto de horas y con más proyectos de los que puedo afrontar.
Mi lista de tareas pendientes crece y roza la treintena. Manuscritos por publicar, recuerdos por escribir y libros por leer. No creo que sea por falta de ganas, tampoco de tiempo y me pregunto a qué se debe mi baja productividad.
En estos últimos días sin escribir he dedicado gran parte de mis horas a organizar el caos en el que se había convertido mi espacio de trabajo. La habitación de nuestra nueva casa, que hace a su vez de cuarto de tender, gimnasio y habitación de Paco, se había convertido en un lugar caótico, un lugar donde las ideas iban a morir.
Con algo de paciencia y una aspiradora he devuelto a su esplendor el refugio que prometía ser la solución a todos mis problemas. Sin embargo, me encuentro escribiendo este recuerdo desde la mesa de la cocina, con mi fiel compañero de cuatro patas observándome desde su butaca favorita, y no puedo evitar preguntarme acerca de la finalidad de mi orden de despacho si no lo uso.
Puede que el no pasar mi tarde en mi refugio se deba a haber pasado mi día laboral picando datos casa, o, lo más probable, que lo que iba a ser mi santuario se haya convertido en un recordatorio de todo lo que me queda por hacer.
En cualquier caso, ante esta nueva problemática de mi vida báltica, no me queda más remedio que resignarme al día a día. Aprovechar el inicio del año académico y retomar con resignación la tarea que me he prometido acabar antes de mi vuelta navideña a la capital española, la publicación de mis dos volúmenes de recuerdos pendientes.
Recuerdo #1120 / Domingo 8 de septiembre de 2024 (Tallin, Estonia)