Semana descriptiva o introspectiva.
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Esta ha sido la tercera semana consecutiva donde he huido del recuerdo diario y cuidado el reposado resumen semanal. En cierta medida me siento orgulloso, me paso la semana esperando sentarme a escribir, cosa que antes no me pasaba tan a menudo. Supongo que el haber escrito con tanta constancia durante más de tres años me ha hecho sentir obligado a escribir, y cuando el placer se convierte en obligación, deja de ser placentero.
Por el camino de estos más de mil recuerdos he aprendido mucho más de lo que pudiera parecer, pero sin duda, lo más relevante de todo ello, es el asumir que no todo lo que se considera importante merece la pena ser recordado. Por ejemplo, aún habiendo marcado el gol de la victoria ayer saliendo de suplente, tiene más valor para mí el haber esperado despierto a Mer en su vuelta de una sesión de fotos en su isla natal. Ese luchar con el sueño para ver a la mujer que quiero es un pequeño detalle de mi semana, que de no sentarme a escribir, pasaría al olvido en comparación con mi cuarto gol de la temporada.
La perspectiva, que a menudo se sustenta en el paso del tiempo, puede ser invocada por medio de breves textos. A menudo, lo más importante se reduce a aquello sobre lo que más me apetece escribir. Hoy podría hablar de mi nuevo ordenador con Ubuntu, pero me apetece más hablar de lo guapa que está Mer, con bailarinas rojas, vaqueros ochenteros, chaqueta de lana roja anaranjada y un bolso rosa de mi madre.
Sin querer perder el hilo de lo que estoy escribiendo, quiero destacar la idea inicial del recuerdo de esta semana, por más que me empeñe en categorizar mis vivencias en función de su importancia, no me queda otra que hacer caso a aquello sobre lo que quiero escribir. Parece ser que mis valoraciones no son del todo correctas, y sólo con la perspectiva de la escritura, puedo entender aquello que realmente importa.
A menudo, Mer, que lee mis recuerdos con la traducción automática del blog, se queja sobre mis recuerdos descriptivos, aquellos que se limitan a narrar mi día. Para ella, lo que tiene valor artístico y con lo que más disfruta, son aquellos en los que, al igual que hoy, dejo de lado la narración y con mayor o menor acierto, trato de entender el porqué del recuerdo.
Dentro de las muchas cosas en las que Mer suele tiene razón. se encuentran sus valoraciones sobre mi escribir. Estoy de acuerdo en que mis textos descriptivos no son tan buenos como los instrospectivos. Y por mucho que lo hablemos, nunca antes me había sentado a tratar de entender qué me hace decantarme por unos u otros. La respuesta parece ser sencilla, los primeros son la personificación de la obligación, los segundos la materialización del deseo de querer escribir.
Esta semana habría sido una desastrosa representación de lo descriptivo, un martes de entrenamiento, un miércoles de orden, un jueves de fútbol, un viernes de ordenador nuevo, un sábado de gol y un domingo de introspección. Y todos y cada uno de los recuerdo que podrían haber sido, habría recibido la misma crítica de la chicha de bailarinas rojas.
Puede que la escritura semanal sea la respuesta a mi exceso de descripción diaria, puede que al igual que las semanas tropicales de Escohotado, deba insistir en los textos semanales, pero en cualquier caso, nada será perfecto, porque al igual que mi gol de ayer en el ochenta y largos, quiero más y mejor.
Recuerdo #1129 / Martes 17 de septiembre de 2024 (Tallin, Estonia)